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Un oasis en medio del arenal – 2

Proyecto de construcción y equipamiento del colegio Jorge Portocarrero
Actores: Gobierno Regional del Callao, Proinversión

Tras 14 años de espera, el colegio Jorge Portocarrero había dejado atrás las paredes de madera y el techo de calamina a través del cual se filtraba la lluvia. Jessica Alcántara, técnica en enfermería, subió al segundo piso y contempló boquiabierta la sala de cómputo del moderno plantel en el que estudiaría su hija. La obra había tomado ocho meses. Fue entonces que vio a Teresa. La niña estaba besando las paredes de su colegio. La felicidad, el orgullo y el agradecimiento se manifiestan de muchas maneras.

Carmen Moreno, portera, pero ante todo madre de familia del Jorge Portocarrero, llegó a este arenal cuando el asentamiento humano Pachacútec en Ventanilla recién empezaba a poblarse. Al principio solo brindaba educación primaria, y en el año 2000 se mudó a su actual ubicación, en el asentamiento humano Cahuachi. Con módulos de madera y techos de calamina –como era el común de viviendas de la zona–, el Jorge Portocarrero comenzó a formar a cientos de niños del lugar.

“Hemos luchado duro, hemos hecho faenas ¡en cantidad!. Nos movilizamos, fuimos al Gobierno Regional del Callao para exigir la construcción de nuestro colegio”, recuerda Isabel Nolasco, madre de tres niños. Fue en estas circunstancias que el Gobierno Regional del Callao invitó a la empresa minera Volcan para que, a través del mecanismo Obras por Impuestos, participara en esta ansiada edificación.

“El Gobierno Regional nos propuso dos o tres escuelas. Visitamos esta y nos pareció que aquí tendríamos mayor impacto, pues esperaba ser remodelada desde hacía más o menos 15 años. Se trataba de una escuela bastante deteriorada, con un número importante de jóvenes y niños”, recuerda Juan Manuel Fernández, asesor ejecutivo de la compañía minera. El costo del proyecto superó los S/.6 millones, que fueron invertidos por Volcán a pesar de que el asentamiento humano Pachacútec no se encuentra en su zona de influencia, que se extiende más bien en los departamentos de Pasco y Junín.

Tanto alumnos como padres de familia son conscientes de que, más allá de sus carencias, la educación recibida en este centro educativo es realmente valiosa. Prueba de ello son los premios que la institución ha obtenido –computadoras, por ejemplo– en concursos de conocimiento y desfiles escolares. Galardones que los estudiantes jamás habían podido usar hasta ahora. ¿Cómo hacerlo en una escuela sin energía eléctrica ni internet? “Un aula que reúne todas las condiciones necesarias permite una adecuada labor pedagógica. Todo niño y estudiante, así esté en el lugar más apartado del país, tiene derecho a ello”, sostiene el director de este plantel, Rodrigo Guevara Cieza. Con 29 años de experiencia en el rubro y 19 de ellos como director, señala que lo mejor de dirigir un colegio es liderar un equipo humano compuesto por docentes, padres de familia y estudiantes. A Guevara Cieza se le respeta y agradece por la disciplina que le ha impreso a su gestión. Asumió el cargo en 2012, cuando el Jorge Portocarrero tuvo que mudar sus deterioradas aulas a algunos metros más allá, mientras se concluía la anhelada infraestructura.

La entrega de la misma concitó la atención de todos los pobladores. El serio director sonríe al recordar a sus chicos en ese momento: “Corrían por las graderías, subían, bajaban, ¡no lo podían creer! Se nos iban de control (ríe)… Se metían a los baños, era un mundo distinto del que ellos conocían. Fue un sueño hecho realidad”. Se trató, pues, de un cambio radical que le está haciendo mucho bien a este arenal.